Ayudar a que nuestros Sueños se hagan Realidad

“¿Ser homosexual y Católico?” Para muchos esto parece ser una contradicción. Cuatro valientes miembros de la red internacional de Católicos LGBT, la Red Global de Católicos Arcoíris (GNRC), nos cuentan sobre la situación de personas lesbianas, gais y transgéneros en sus países natales: Uganda, Eslovaquia, India y Chile.

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Los actos Homosexuales son pecado – al menos desde la perspectiva de la Iglesia Católica Romana. A pesar de que el “Matrimonio Igualitario” ha sido posible en Alemania, la Iglesia Católica Romana mantiene su condena a la homosexualidad. Tanto en Alemania como globalmente, gais y lesbianas creyentes sufren de la incongruencia entre sus afectos y su práctica religiosa. Aún más allá: En muchos países la homosexualidad es perseguida y, en parte, es a causa de la Iglesia que la condena es incrementada. Una declaración oficial del Papa Francisco en contra de la criminalización de la homosexualidad podría cambiar esta situación.

“Ayudar que nuestros sueños se hagan realidad”

Alicia. Kampala, Uganda

Mi nombre legal es Ivan Damulira pero prefiero ser llamado Alicia Houston Nalunkuma pues soy una mujer transgénero.

La situación local de las personas LGBT no es solo mala a causa de la nueva legislación que se nos han impuesto. A pesar de que algunas leyes ya habían sido anuladas, luego regresan en la forma de otras leyes que nos afectan y ponen en peligro. Muchas personas LGBT enfrentan violaciones a sus derechos humanos, las cuales incluyen abusos que se mueven en el rango de lo emocional, físico, psicológico o económico. Otras personas LGBT deben lidiar con la exposición pública, transgresiones que pueden tener como consecuencia expulsiones ilegales por parte de los propietarios de sus residencias. Algunos han sido removidos desde sus espacios laborales y a otros se le niega el trabajo debido a su identidad de género u orientación sexual.

La primera razón por la que me uní, a la Red Global de Católicos Arcoíris, fue para compartir información e ideas con el fin de insistir en que nuestros sueños se hagan realidad, además de dialogar con lideres Católicos. Mi meta es promover campañas para una declaración Católica en contra de la criminalización de las personas LGBT, para que así cuenten con un trato igualitario en Uganda.

Es importante para mí el ser parte de esta asamblea. Quiero adquirir habilidades respecto al como otras comunidades LGBT, de diversos países, han conseguido trabajar y alcanzar sus objetivos.

“Expresiones de género no tradicionales son consideradas una amenaza”

Miro. Chynorany, Eslovaquia

Mi nombre es Miroslav Matavka, pero mis amigos me llaman Miro. Actualmente, vivo en Múnich, pero soy originario de Eslovaquia. Soy un Católico gay.

La sociedad eslovaca está aún discutiendo sobre la aceptación masiva de la homosexualidad. La población, predominantemente Católica, confía fuertemente en los valores conservadores de la familia, por lo que las expresiones de género no tradicionales son consideradas una amenaza. Para las personas transgénero el debate social sobre su aceptación es aún peor, dado que la noción de una identificación de género personal es considerada como antinatural y un pecado grave.

La Iglesia Católica está canalizando el conflicto, personal de las personas LGBT, con ofertas pastorales que son conducentes a la superación de supuestas “tendencias homosexuales “. En estos grupos de apoyo pastoral, las personas LGBT son guiadas a abstenerse de actos sexuales y a vivir una vida en castidad. Las Iglesias cercanas a las personas LGBT y los estudios de género son demonizados como una mala influencia proveniente de Occidente.

Me uní a la Red Global de Católicos Arcoíris para aprender de otros Católicos Arcoíris/LGBT, sobre el cómo vivir mi vida como un Católico gay en plenitud. Mi objetivo es que juntos vamos a tener una voz e influencia más fuerte, para invitar a las jerarquías Católicas locales y el Vaticano, a favor de un apoyo formal para los Católicos LGBT. Es importante para mí, que la Iglesia Católica luche contra la criminalización de las personas debido sólo a su sexualidad.

“Si resultas ser una persona LGBT, tener fe y ser parte de una cultura que no reconoce tus derechos o existencia, entonces se vuelve casi imposible el encontrar la felicidad o la paz mental”

Ruby. Londres, Inglaterra

Mi nombre es Ruby Almeida. Soy de la India, pero vivo en Londres. Esta ciudad cosmopolita y amigable para las personas LGBT, permite vivir una vida abierta y autentica para los creyentes LGBT. Sin embargo, hay muchos de nuestra comunidad que enfrentan la discriminación a diario, desde sus círculos familiares directos o sus comunidades de fe. Ser gay ya es lo suficientemente duro de sobrellevar, pero el ser además una persona de fe lo hace increíblemente dañino y doloroso. Si resultas ser una persona LGBT, tener fe y ser parte de una cultura que no reconoce tus derechos o existencia, entonces se vuelve casi imposible el encontrar la felicidad o la paz mental, ¡Y esto es en Londres! Imagina cuanto más traumático e imposible lo es si es que vives en países de África o Asia donde la homosexualidad es un crimen. Si tu iglesia tolera la violencia que vives diariamente, ¿qué esperanza te queda? Si, esta es una realidad para muchos de nuestros hermanos y hermanas LGBT en diferentes partes del mundo.

Al vivir en Occidente, soy consciente de los privilegios que me permiten vivir mi vida tan auténticamente como puedo. También remueve mi conciencia, como Católica practicante, el saber que hay muchas cosas erróneas en nuestra sociedad y dentro de la Iglesia que tan lamentablemente decepcionan a sus creyentes LGBT. Estos desafíos que remuerden la conciencia no pueden ser solamente ignorados, si me llamo a mí misma una seguidora de Cristo. Es trágico el ver como el extremismo fundamentalista conservador se ha tomado nuestra Iglesia en muchos países. Ellos pueden estar justificados bajo el legado de un imperio colonial, lo cual en varios casos es absolutamente cierto. Aun así, cuando estos pensamientos e ideas sobrepasan el diario vivir de las personas comunes, debido a que “otras voces” no son escuchadas, entonces es tiempo de levantarse y decir fuerte y con orgullo de que esto no representa a Jesús. El silencio no es una opción.

La Red Global de Católicos Arcoíris nos ofrece a todos una razón para reunirnos en solidaridad y fortalecer nuestros sistemas de apoyo para que las campañas en contra de la criminalización y toda forma de injusticia puedan ser denunciadas. La GNRC no está intencionada para convertirse en un “punto de conversación”, sino que preferentemente un mecanismo para reunirnos en torno al cambio en los corazones y mentes de nuestros líderes de la Iglesia.

Mi interés está en la India, mi país de origen. Hay una gran esperanza de que la Sección 377, otro legado de la época colonial que declara la homosexualidad como ilegal, sea finalmente removida de los Estatutos y que así las personas LGBT puedan vivir vidas plenas y felices. A pesar de esto, mi desafío personal es el encontrar líderes Católicos que salgan a la luz y trabajen con la jerarquía para evidenciar el genuino dolor y sufrimiento de su comunidad LGBT. Hay muchos obispos y cardinales que están haciendo todo el ruido necesario en apoyo de estos líderes. Se requiere de gente que esté dispuesta a ponerse de pie y decir que son Católicos y LGBT, junto con que les gustaría trabajar en dirección a mejorar las vidas de sus comunidades. Existe una escasez de Indios abiertamente gay que hayan mantenido su fe.

No podemos cambiar el mundo, pero podemos trabajar juntos para exponer la injusticia, informar, educar, desafiar y alentar a los líderes de nuestra iglesia, para evidenciarles estos errores al interior de sus propios países y diócesis.

“Hasta hoy, requiere a veces mucho de mi energía el lidiar con el miedo de la no aceptación o discriminación”

Fernando, Santiago, Chile

Soy Fernando González. Soy un hombre gay, pero también soy Católico, amigo e hijo, a la vez que me considero un miembro constructivo de la Sociedad. Mi sexualidad es parte de mi ser, no algo que esconder, aun cuando hasta hoy requiere mucho de mi energía el lidiar con el miedo de la no aceptación o discriminación. Mi fe también es una parte constituyente. Es parte de mi cultura, patrimonio familiar y creencia personal. Creo que Dios me ama y que me creó exactamente como soy. Ser gay no es una opción, pero para mí el mantenerme del lado de Dios y de la Iglesia, lo es sin duda.

En la actualidad, nuestro país está más abierto a los temas sobre diversidad sexual, pero aún hay lugares en donde ser gay, lesbiana o bisexual, es una situación de riesgo, tales como el trabajo o la Iglesia. Veinte años atrás, era impensado para alguien, el declarar abiertamente su homosexualidad, incluyendo a familiares o amigos. Nuestra sociedad comenzó a discutir sobre esto, cuando algunos actos de violencia, motivados por la homofobia, fueron difundidos por los Medios. La gente comenzó a cuestionarse sobre sus miedos, estereotipos y como podían convertirse al final en una expresión de violencia en contra de un familiar, amigo, vecino o colega. Por otra parte, el Estado asumió su responsabilidad política y descriminalizó la homosexualidad en 1999, para luego reconocer la discriminación por homofobia como una transgresión legal desde el 2012. Tenemos el acuerdo de unión civil desde el 2014, pero aún se mantienen debates abiertos, especialmente sobre matrimonio igualitario e identidad de género.

En el 2015, mi grupo pastoral LGB chileno, Padis+, me designó para asistir a la primera Asamblea de la GNRC, en Roma. Allí conocí a tantos Católicos LGBTI, de diversas partes del mundo, quienes me hicieron comprender que, en Chile, no estábamos solos en nuestra tarea de dar cuidado pastoral para las personas LGBTI y sus familias. Ellos me alentaron a compartir una visión común de inclusión y justicia plena para las personas LGBTI en la Iglesia Católica.

Deseo conectar a los Católicos LGBTI de todo el mundo. Hay tanta experiencia y conocimiento sobre cuidado pastoral LGBTI, pero hoy se encuentra dispersa y necesita ser consolidada. Nos podemos ayudar los unos a los otros, en muchos niveles, o apoyar a aquellos que están recién comenzando una comunidad de apoyo pastoral en diversidad sexual. El otro objetivo es crear una plataforma confiable y válida para unificar la voz de los Católicos LGBTI de cara al Vaticano. Nos empoderamos cuando trabajamos juntos, y tengo la conciencia de que el Clero necesita una voz clara y formal para el dialogo.

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