‘Y la verdad los hará libres’: El Regalo de Dignity para el Mundo

 “ ‘Y la verdad los hará libres’: El Regalo de Dignity para el Mundo”

50 Aniversario de Dignity

Autor: Mary E. Hunt

Traducción: Fernando González

Viernes, 5 de Julio, 2019, Chicago

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Buenas tardes. Tomémonos unos breves momentos de silencio comunitario para concentrarnos, mientras comenzamos esta extraordinaria celebración por los 50 años de ser “Fieles a Nosotros Mismos, Fieles al Espíritu.”

Buenas tardes nuevamente. Gracias por unirse a ese momento de meditación colectiva, cuando iniciamos las festividades por el cincuenta aniversario de DignityUSA. Guau, quiero decir solo guau.

Este es uno de esos momentos de Guau cuando uno siente el peso completo del milagro que ha pasado y la plena responsabilidad de llevarlo hacia adelante. Es difícil exagerar lo notable que es estar celebrando cincuenta años de fiel, fabulosa y ahora condimentada vida como Dignity dadas las abrumadoras probabilidades que nosotros y nuestros amigos hemos enfrentado desde antes de comenzar.

Me recuerdo de los versículos en Hechos 5:38-39, “Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios.” Dejemos que la historia decida, pero mientras leo nuestra historia, ¡nadie nos ha detenido hasta hoy!

En el sur de California en 1969, el Reverendo Patrick X. Nidorf, O.S.A., un sacerdote de la Orden de San Agustín, respondió a la necesidad pastoral de Católicos gais y lesbianas. Este al parecer acto fortuito nos ha llevado, medio siglo después, a este glorioso día. Proclamemos juntos un Aleluya.

Aquí está el texto del aviso publicado en 1970 en el Abogado para atraer “Gais Católicos: Únete a DIGNITY, un grupo Católico de inteligentes hombres y mujeres gay. Compartimos exitosos caminos para llevar dignidad a nuestras vidas. Conversaciones honestas, sensibilidad, gente sincera. Solicitantes seleccionados. Escribir a Padre Pat, Box 4486, N. Park St., San Diego, CA 92104.”

Cincuenta años después, seamos o no gay, hombres o no, mujeres o no, inteligentes o no, hemos aparentemente pasado los criterios de admisión, y aquí estamos como testigos de “exitosos caminos para llevar dignidad a nuestras vidas.” Nuestra verdad colectiva nos ha liberado. No es con frecuencia que seamos privilegiados de vernos en un capítulo de la historia de la Iglesia. Pero este, mis amigos de Dignity, es uno de esos momentos para ser disfrutados y ser usados como un trampolín para el siguiente capítulo. Dios sabe que ahora lo necesitamos, al menos tanto como lo hacíamos en 1696.

Parto con agradecer a todos ustedes por estar aquí. Déjenme ofrecer abundantes agradecimientos a nuestra Directora Ejecutiva Marianne Duddy-Burke, a Peggy Burns, Logan Bear, y Susan Bailey, cuyo trabajo incansable hizo esta celebración posible. Aplausos, también, para nuestros incansables co-directores de la conferencia Marty Grochala y Lewis Speaks-Tanner. Dignity Chicago merece mención aparte por su amable hospitalidad. Estoy agradecida del Directorio de Dignity y sus predecesores por proyectar esta organización desde la sala de estar de alguien en Los Ángeles hasta los muchos capítulos locales y grupos interesantes – incluyendo los Defensores, la Comunidad Transgénero, Mujeres de Dignity, el Grupo de los Adultos Jóvenes, y otros – que ahora componen esta robusta comunidad. Agradezco a nuestros generosos financistas – fundaciones, capítulos locales e individuos – cuyos aportes hacen posible que nos reunamos.

Con alegría reconozco a todos nuestros colegas internacionales de la Red Global de Católicos Arcoíris que acaba de finalizar su tercera asamblea. Su sabiduría y fe enriquecen nuestro encuentro más allá de lo medible. Gracias por estar aquí. Sin obviar cualquier diferencia o particularidad, digamos en nuestros muchos lenguajes, cada uno a su propio modo, “somos Iglesia”.

De manera especial, hoy, honro la memoria de unos de mis miembros favoritos de Dignity, la difunta Hermana Eileen DeLong de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Buen Pastor. Eileen tenía la edad de mi madre – ellas tendrían hoy cerca de los 100 años. Ella fue la otra mujer en el que de otra forma habría sido una Clase solo compuesta por hombres, en mi Maestría sobre Divinidad en la Escuela Jesuita de Teología en Berkeley, California, a finales de los 70´s. Eileen tenía mucha más experiencia en el ministerio que muchos de nuestros profesores combinados, y tenía una “predilección especial” por nosotros – sus amigos de la diversidad sexual. Ella era una mujer amable, alegre, inteligente, temeraria y espiritual. Temprana y frecuentemente ella dispuso de su nombre, su talento y sus energías para trabajar por la igualdad, liderando a Católicos por la Dignidad Humana en la Costa Este durante los 70´s antes de que muchas personas pudieran decir la palabra gay.

Cuando murió en 1995, justo cerca de los 80 años, sus amigos comenzaron a reunir fondos dirigidos a llevar miembros de comunidades religiosas a las convenciones de Dignity. Muchos se beneficiaron de esta generosidad, la cual abrió corazones y armarios. Agradecimientos especiales se dirigen al colega de la Zona Costera Scott McElhinney por su generosa gestión de la memoria de Eileen. Este año, el fondo en memoria de Eileen, el cual ha visto reducido su presupuesto, también ayudó trayendo a algunos de nuestros hermanos internacionales a esta mesa. Estoy segura de que Eileen nos sonríe y yo sonrío al mencionar su santo nombre. Eileen DeLong, ¡Presente!

Mi contribución a nuestra conversación de hoy se enfoca en tres aspectos de lo que significa en palabras del Evangelio de San Juan 8:32, “Y la verdad los hará libres: (lo que yo llamo) El Regalo de Dignity para el Mundo”. Explicaré lo que significa nuestra historia, por mucho que parezca demasiado temprano para tal evaluación. Les ofreceré una mirada aleccionadora sobre cómo las cosas han cambiado desde nuestro 40 aniversario. Concluiré luego con un sueño para nuestro centenario.

  1. Lo que significa nuestra historia, por mucho que parezca demasiado temprano para tal evaluación

Permítanme un punto de partida personal. Así como nos reunimos hoy, la reunión de 50 años de promoción de mi clase en la Escuela Secundaria Bishop Ludden en Siracusa, Nueva York, también se pone en marcha. Una querida amiga será mis ojos y oídos; su esposo tomará fotos así es que podré soportar perdérmelo. También es el 50 aniversario de mi primer verano como consejera de campamento en el Camp Jeanne d’Arc, fundado en 1922, dos años después de la canonización de Juana de Arco. Era un buen campamento de chicas Católicas en las Adirondacks, ahora administrado por Mormones sin ironías o cambio de nombre.

Poco imaginé como una joven mujer lesbiana que en cincuenta años estaría celebrando lo que en ese entonces era tan problemático; ser honesta conmigo misma y honesta con el espíritu. La idea de que yo era algo más que otra lesbiana apenas se me ocurría. Pero en aquellos días, había pocos recursos de apoyo y ánimo para ser honesto sobre la sexualidad. Teníamos que encontrar y crear los propios. Dignity era uno de esos recursos para mí, que me ayudó a encontrar mi verdad, que me liberaría. Quizás lo fue para ustedes, también. Seamos agradecidos y celebrémoslo sin cesar.

Como todos sabemos, esta es el 50 aniversario de Stonewall. Sin embargo, mucho más pasó para encender nuestro movimiento, “Stonewall” siempre se ha tomado como un atajo para una multitud de otros eventos, como la fundación de Dignity que ocurrió antes en este decisivo año, 1969, y la fundación de la Iglesia Comunitaria Metropolitana por Troy Perry en 1968. La religión jugó un rol clave para preparar el camino en la validación de los derechos LGBTIQ. No podemos olvidar eso.

Pero Stonewall es el nombre que la gente conoce. Tantas personas mayores de la diversidad sexual dicen ahora haber estado presentes en los disturbios, que las calles del Greenwich Village simplemente no podrían haberlos acogido a todos mientras aún les daba espacio para lanzar ladrillos y monedas. ¡Algunos bromean que la cantidad de personas que hoy claman haber estado presentes en los disturbios llenaría el Estadio de los Yankee! Me recuerda de las reliquias de la Santa Cruz que dicen que al reunirlas a todas tendrían el tamaño del Estado de Texas. Aquellos son mitos de origen. Pero es grandioso que tanta gente, a pesar de sus roles actuales, quieran asociarse con un movimiento de liberación que, como el de los derechos civiles, anti-guerra, ecología y a favor de la mujer, ha mejorado inconmensurablemente a la sociedad. Me gustaría pensar que estuvimos todos en Stonewall in pectore, como decimos en Católico, eso es, en nuestros corazones. Estoy segura que Lady Gaga y Donatella Versace estarían de acuerdo conmigo trás sus apariciones en el vecindario del Village, durante las celebraciones de la semana pasada.

Los primeros pasos de la humanidad en la luna, el estreno del Show de los Muppets y el icónico hito musical de Woodstock son también parte de esta temporada de 50 aniversarios que celebramos este verano. Los expertos son observadores de aquellos que no temen de escribir la historia en forma prematura, así es que demos una mirada al impacto de Dignity en la Iglesia y sociedad en su primera mitad de siglo.

Sus comentarios como capítulos locales y grupos, que pueden ser encontrados en el sitio web de Dignity, narran la historia muy bien. Desde el principio, para muchos de nosotros, Dignity fue un refugio, un hogar, un lugar para ser Iglesia cuando no teníamos otro. Las misas y eventos sociales de Dignity fueron algunos de los primeros lugares donde Católicos y otras personas les era posible festejar, coquetear, conocer a una buena chica/o de iglesia, básicamente actuar como seres humanos que tenían el derecho humano a amar con integridad. Podíamos rendir culto sin ser insultados; podíamos recibir los sacramentos con dignidad.

Se que suena antiguo y primitivo para los jóvenes. que cuentan con aplicaciones de citas y viven en una sociedad donde el amor entre personas del mismo sexo es tan común como un teléfono móvil, tan ubicuo como la Internet. Pero hace cincuenta años – lo sé, tiene ese aire a “cuando el pan costaba cinco centavos” añadido – ser nosotros era considerado ser mentalmente enfermo, potencialmente arrestado por no llevar al menos tres prendas de ropa correspondientes a tu género, y ciertamente un pecado mortal en el Catolicismo expresar nuestro amor sexualmente. Es aun así en muchas partes del mundo y en algunos menos privilegiados sectores de los Estados Unidos. Pero para nosotros que salimos del armario con nuestra verdad, individual y colectivamente, fue costoso, inclusive impagable para algunos. Especialmente para muchas personas de color, aquellos que eran pobres, y más tarde para nuestros amigos transgénero e intesexo. Algunos pagaron con sus vidas.

A lo largo de cincuenta años, podemos trazar una inequívoca trayectoria en la búsqueda de la justicia, a pesar de la historia de altos y bajos de Dignity con la Iglesia Católica Romana institucional. En los primeros años, hubo algunas acogedoras parroquias e iglesias basadas en las universidades, junto a algunos valientes sacerdotes. Pero para la fecha en que la carta de Halloween debutó en 1986, la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre el Cuidado Pastoral para Personas Homosexuales (Homosexualitatis problema) aprobada por Juan Pablo II y firmada por el Cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, posteriormente Benedicto XVI, la marea se vino en nuestra contra. He llegado a darme cuenta que la reacción castigadora fue una especie de pánico colectivo hacia la homosexualidad de parte del clero, quien temió que teniendonos alrededor se revelarían sus propios arcoíris. Pero en ese entonces fue una opresión fuera de lugar con consecuencias legales alrededor del mundo, cuando grupos políticos de derecha fueron envalentonados por las enseñanzas negativas de la iglesia. La gente perdió la fe, se sacudió el polvo de iglesia de sus sandalias. Gente murió, algunos se suicidaron, debido a ese documento.

Muchos rechazamos la enseñanza de la institución pues la consideramos fuera de alcance. Fue un caso de no recepción de la información. Una enseñanza no significa mucho si la gente no la recibe. Sabíamos completamente bien que nuestra orientación sexual era bajo ninguna forma desordenada y nuestro hacer el amor no era intrínsecamente maligno en lo moral. ¡Oficiales del Vaticano, consíganse una vida! Piensen sobre la guerra y la codicia, el racismo y el ecocidio, si quieren usar dichos términos, pero déjennos en paz como el escritor de Hechos 5 dijo. Sabiamos que eramos de Dios.

El distinguido profesor de derecho canónico James A. Coriden explica lo que significa cuando la gente no recibe la enseñanza de la iglesia:

“La recepción no es subversiva de la autoridad legítima. Más bien, la apoya y potencia… en ocasiones extrañas cuando las leyes no son recibidas, es porque ellas no se ajustan al contexto de la comunidad. Los creyentes, sujetos llenos del Espíritu disciernen que las reglas no son aptas para el logro de sus propósitos o para el bien común… la recepción no es una demostración de la soberanía popular o un florecer de la democracia populista. Es una participación legítima por parte de la gente bajo su propio gobierno. Ellos colaboran activamente con las autoridades que generan las leyes para sus comunidades. Ellos están simplemente ejerciendo, de una manera responsable, su legítimo rol en la función de dirección de la Iglesia.” [1]

Sin embargo, muchas personas LGBTIQ, sus familias y amigos fueron dañados profundamente por su enseñanza – lo que por largo tiempo he llamado “pornografía teológica” en lugar de cualquier otro modo adecuado de describirla. Dicha teología objetualiza a la persona, trivializa el sexo y conduce hacia la violencia. Pero la consecuencia no intencionada fue el que la gente tomó sin duda el gobierno de la iglesia en sus propias manos. Dignity, junto con la Conferencia de Católicas Lesbianas, New Ways Ministry, la Alianza de las Mujeres en Teología, Ética y Rituales (por sus siglas en inglés WATER), la Coalición Equally Blessed, Call to Action, y ahora algunos valientes religiosos, mujeres iglesia, laicos, y comunidades interreligiosas son espacios alternativos de iglesia para Católicos que fueron escandalizados por la enseñanza de la institución.

El VIH/SIDA entró con fuerza en las décadas de los 80´s y 90´s. Perdimos la cuenta de cuántos miembros de Dignity, junto con otros alrededor del mundo, partieron. La iglesia institucional se deshonró a sí misma en muchos aspectos al no ofrecer cuidado pastoral básico para acompañar, dar la extremaunción, celebrar los funerales de muchos de nuestros amigos, ayudar a sus familias a hacer frente a una pérdida censurada de nombrar por qué sus hijos habían muerto o hablado respetuosamente de sus vidas y amores. Las mujeres dieron un paso adelante para proveer cuidado médico y expresar su solidaridad. Los hombres y mujeres de Dignity comenzaron a valorarse unos a otros, y Dignity, que había sido mayoritariamente un grupo masculino, empezó a vislumbrar parte del poder y la fuerza de las mujeres Católicas. Nos mantenemos juntos hasta el dia de hoy.

La verdad sobre las muertes de nuestros amigos nos liberó. Asistí a funerales donde los eufemismos y mentiras descaradas reinaban respecto al fallecido. Algunos funerales de Católicos fueron celebrados en iglesias Protestantes, especialmente en las Iglesias de la Comunidad Metropolitana que fueron heroicas en su acercamiento ecuménico, o simplemente en funerales hechos en casa cuando las parroquias Católicas no lo permitieron.  Este se mantiene como un pecado por el cual la institución debe algún día pedir perdón. TOMEMOS UNA PAUSA POR UN MOMENTO PARA RECORDAR A NUESTROS MIEMBROS QUE SE HAN IDO.

A través de los años, en la medida de que el amor entre personas del mismo sexo fue gradualmente desestigmatizado y eventualmente se incorporó a la corriente principal de los sectores privilegiados de la sociedad, especialmente a partir del matrimonio igualitario, Dignity lideró a nuestra comunidad para mantener una posición fuerte, clara y estable de que la discriminación por sexo y género no va nunca separada de la relacionada al racismo, sexismo, xenofobia e inequidad económica. Dignity tampoco ha sido una agrupación perfecta – Dios sabe de las luchas respecto a las celebraciones litúrgicas por parte de mujeres, el lenguaje inclusivo, derechos reproductivos, sólo por nombrar algunos de los temas internos discutidos. Pero Dignity ha sabido mantener el norte claro, buscando la verdad por muy elusiva que esta sea, e intentando aprender de los hermanos tanto internacionales como interreligiosos mientras buscamos ser iglesia desde que en efecto no la hemos sido.

Me atrevo a decir que hemos sido exitosos más allá de nuestros sueños más locos. Hablando nuestra verdad colectiva, insistiendo en ella, nos ha hecho ser aquellos quienes en coaliciones ecuménicas somos vistos como “los Católicos”. Nuestro trabajo es influir en la opinión y política pública, mientras la gente de bien busca el sentido común en medio de la locura. Que Dignity sea el anfitrión de la Tercera Asamblea de la Red Global de Católicos Arcoíris es prueba de que no estamos solos, que somos parte de una Iglesia Católica internacional, al igual que las personas en esta sala. Gracias a Dios por ello.

La última vez que nos reunimos para una mayor celebración de aniversario, nuestro número 40 en el 2009, nos encontrábamos en buen rumbo. Sin embargo, mucho ha cambiado desde entonces, lo que ha dado forma a nuestra quinta década e indudablemente nuestro futuro. Doy un giro hacia ello ahora.

  1. Una mirada aleccionadora sobre cómo las cosas han cambiado desde nuestro 40 aniversario

Mi amigo de Upstate New York, Tom Yates, fue tan amable de proveerme con un video del discurso de apertura por el 40 aniversario de Dignity, el 3 de Julio del 2009. Les puedo indicar que mi pelo se ha encanecido, mis lentes han cambiado, pero mi estilo que buscar ser como el de Rachel Maddow sigue intacto, ¡aunque me hubiera gustado haber jugado fútbol! En una década, el mundo se ha girado de arriba a abajo en lo que se refiere a la relación entre la Iglesia Católica y los Estados Unidos. Esos cambios han dado forma a nuestra vida como Dignity con todo indicio de que la trayectoria continuará por ese camino en el futuro previsible.

En toda la inocencia de los inicios del siglo XX, en ese discurso de 40° aniversario dije que la Iglesia Católica Romana no es la única manifestación de lo que significa ser Católico. Afirme que nosotros, no el Clero, necesitamos ser adultos que toman decisiones, y que ser católico con “c” minúscula era una elección acertada en un mundo interreligioso e incrementalmente secular. Hasta aquí, estimados, es lo que pensé mientras miraba el video de hace diez años.

Di una conferencia sobre el quiebre moral, espiritual y financiero de la iglesia institucional. Cité los costos de la pedofilia – tanto los personales y económicos. Hable sobre el quiebre espiritual de la iglesia institucional, pues se vinculaba con la Visitación Apostólica de las comunidades religiosas de mujeres y la Evaluación Doctrinal de la Conferencia sobre Liderazgo de Mujeres Religiosas que estaban en pleno apogeo entonces. Mostré la situación financiera, como las parroquias debían cerrar debidos a las compensaciones por pedofilia, incluyendo los costos legales. Concluí que lo mal que había sido tratado Dignity era un presagio de las cosas que estaban por venir para la iglesia completa.

Nuevamente – estaba muy cerca del objetivo especialmente cuando nos denomine como “creyentes y fabulosos” – el destacado heterosexismo, no la homosexualidad, era el nuevo marco de trabajo en ese tiempo, como cuando al Presidente Barack Obama, quien señalaba que el verdadero progreso dependía de “no solo de las leyes que cambiamos, sino que de los corazones que abrimos”. Él nos dio nuestra orden de marchar como personas religiosas. Por supuesto que la Defensa del Matrimonio Igualitario y de la Política del No Preguntes/No Digas aún se mantenían sobre el escritorio, así es que había mucho trabajo que hacer. Cerré mis observaciones espirituales con las maravillosas palabras del movimiento Mujeres-Iglesia, sobre que “las necesidades del mundo, no las falencias de la Iglesia, debían definir la agenda.”. Poco sabía de lo entrelazado que estarían ambos temas – diversidad sexual y género – dentro de los próximos diez años.

No rechazo mi análisis previo, pero admito mi ingenuidad. No vi venir lo que tanto nos daría forma durante la última década, por llamarlo de algún modo, la implosión de la institucionalidad de la Iglesia Católica Romana y la completa violación de la democracia en los Estados Unidos, junto a su consecuente vergonzosa y peligrosa política pública. Déjenme describirla por parte.

Como muchos de ustedes, pensé de que estábamos ante un desacuerdo ideológico con la Iglesia Católica Romana, que el Vaticano había mostrado todas sus cartas, y de que estábamos consignados a ser marginados por patriarcas debido a razones basadas en sus principios. Eso habría sido relativamente fácil, incluso decente. En su lugar, hemos sido testigos de un nivel de corrupción eclesiástica que rivaliza solo con la Mafia, un nivel de degradación moral raramente visto en los círculos religiosos y un encubrimiento de la verdad, que sin duda se esconden bajo muchas capas de mentiras, las cuales muchas nunca serán reveladas durante nuestras vidas. Asuntos criminales, no sólo ideológicos, están en juego. No vi eso venir con la fuerza y el impacto que tienen.

Mi compañera Diann Ney declaró astutamente que en todos nuestros años de trabajo, la iglesia institucional había estado encubriendo comportamientos criminales y de que esta era la mayor razón para la virulencia de su posición anti-mujeres, anti-LGBTIQ y anti-derechos reproductivos, las cuales son tan exageradas en las actuales teo-políticas y tan destructoras de la fe y comunidades, por no mencionar la vida de las personas. Diann Neu tenía la razón.

La implosión es real y sostenida, al mismo tiempo que la Iglesia Católica Romana pierde participación de mercado y las personas buscan distanciarse de la pestilencia de su corrupción. No digo esto con alguna satisfacción. No me genera ningún placer sabiendo el precio que los sobrevivientes de abusos sexuales clericales y su encubrimiento han pagado, y con ello me refiero a la gente que ha sobrevivido. En su lugar, me refiero a estos elementos como fuerzas formadoras que han desprestigiado a la Iglesia Católica Romana a nivel mundial, a pesar de que hemos solo visto la punta del iceberg. Los Católicos se mantienen como el mayor grupo religiosos en los Estados Unidos, pero los ex-católicos son el segundo. Esto tiene consecuencias concretas para nosotros como Dignity.

Ahora somos lo que la mucha gente piensa, cuando lo hacen y si es que lo hacen sobre algo, como Católicos. Una puede entender ciertamente porque muchos de los Católicos de cuna están más que molestos. Pero me afecta darme cuenta de que nosotros, Dignity y sus cercanos, somos ahora parte de lo que algunos llamarían parcialmente como “masa” Católica en donde aún nos importa la tradición y que pocos la valoran como nosotros. No somos animales religiosos, ni hacedores del bien. Dios sabe que no estamos libres de pecado como para arrojar la primera piedra. Pero al menos reconocemos nuestra verdad y esta nos hace libres para ser seres humanos decentes que trabajan junto a otros seres humanos decentes, sean estos Católicos o no, para construir un mundo amoroso y justo. Así no es como la Iglesia Católica Romana institucional es percibida hoy.

Abundan las razones. Algunos casos nos dan una probada, por muy amarga que esta sea. Diez años atrás, el Cardenal Theodore McCarrick había finalizado su periodo como el líder de la Arquidiócesis de Washington, DC, y era algo así como colaborador independiente, conectado con una iglesia en Roma, mientras contribuía a recaudar fondos para la Fundación Papal. Yo no podía haber imaginado la extensión de su abuso sexual, sobre cuántos seminaristas y sacerdotes lo hizo en su momento. Un Sr McCarrick, reducido a estado laico, se sienta ahora en un monasterio de Kansas, feliz de tener un techo sobre su cabeza y sin barras en sus puertas.

Su sucesor, Donald Wuerl – Arzobispo en el 2009 y pronto a convertirse en cardenal de Washington, DC – un verdadero encubridor. Debí haberme dado cuenta, después de que trató infructuosamente de oponerse al Arzobispo progresista Raymond Hunthausen in Seattle, de que no vendría nada bueno desde él. De hecho, él fue mencionado cientos de veces en el Reporte del Gran Tribunal de Pensilvania (verano del 2019) como alguien que frecuentemente hacía lo incorrecto en lo referente al manejo de sacerdotes abusadores. El mintió completamente – llamándolo un “vacío de memoria” – cuando fue consultado respecto a si estaba en conocimiento de las acusaciones contra McCarrick. Él fue atrapado cuando una víctima le recordó que el mismo, Wuerl, había hecho el reporte del caso al Vaticano. Hasta el mismo Papa Francisco perdió el norte en este escándalo, alabándolo durante su partida. Esto fue altamente ofensivo para muchos sobrevivientes de abuso. El paradero de Wuerl es desconocido, pero el dinero bien alocado se encuentra en un lugar cómodo en Roma bajo la protección del Cardenal Raymond Burke y el Cardenal Bernard Law. Así es como los chicos a la antigua se retiran. Esto no edifica a los Católicos.

Estos son parte de literalmente varios miles de ejemplos de conductas sexuales inapropiadas de sacerdotes, muchas de ellas de tipo criminal, y su encubrimiento por multitud de obispos, sin mencionar los costos legales y de reparación que han marcado el rango del desencanto Católico. No es broma que los ex-Católicos sean la segunda mayor denominación religiosa en los Estados Unidos. No importa lo que uno piense de la Iglesia, esta es una deuda triste y vergonzosa para la gente de tradición religiosa perpetrada por los líderes de su confesión, llana y simplemente. Nosotros tenemos a Dignity, Comunidades Eucarísticas Intencionadas y grupos de mujeres-iglesia. Muchos Católicos no cuentan con dichas opciones.

Puedo dar un no muy sentido adiós a este tipo de gente, junto con Dignity y grupos de mujeres-iglesia, incluyendo mi propia comunidad local de base como apoyo. Hacerlo, sin embargo, es ignorar la profunda y seria traición a lo que millones de personas consideran como más preciado – su fe en Dios y su compromiso al movimiento que Jesús nos llamó a vivir como Católicos. Ese es su derecho humano, ahora revocado por las acciones de muchos clérigos. Para mí, despedirse de nuestros inmaduros pastores, sería solo una forma caballerosa y educada manera de actuar. En su lugar creo que nosotros, a los que la verdad nos ha liberado, tenemos una responsabilidad de crear nuevas formas de hacer iglesia para el resto como también para nosotros mismos.

La implosión de la institución significa que ahora somos iglesia en formas que jamás anticipamos. Sean cuidadosos en lo que piden en sus oraciones pues los antiguos adagios van de salida. Somos la gente a la que algunos acuden como aquellos que tratan de vivir en fidelidad llevando el peso del Evangelio. Somos de alguna forma similares a las mujeres religiosas, siendo vistas ampliamente como las Católicas de verdad, más que muchos obispos. Las religiosas son la iglesia en la frontera, en la cocina, en el hospital, en la cárcel, la iglesia viviendo con simpleza y en comunidad. Pero en este país su edad promedio actual es de 80 años y sus recursos financieros son bajísimos.

Esa es la realidad diez años después. Nosotros y las religiosas, junto a nuestros compañeros en grupos reformistas de iglesia y mujeres-iglesia, nos hacemos más visibles en la medida que la iglesia institucional se encoge y se seca debido a las mentiras descaradas de sus líderes y su comportamiento brutal entre ellos y hacia nosotros. El hecho sincero es que muchos Católicos han abandonado el barco por una buena razón y no están interesados en regresar. Aun así, sus bebes se enferman, sus parientes mueren, pierden sus trabajos, se quieren casar y tienen las muchas otras experiencias de vida que las generaciones previas las compartieron en sus comunidades de fe. Le guste a uno o no, sea uno religioso o no, ser religioso bajo los propios términos es un derecho humano que es anulado para muchos Católicos.

Pensemos en el Obispo Michael Bransfield, de Virginia del Norte, quien renunció bajo la acusación de haber acosado sexualmente a muchos adultos. Eso ya era lo suficientemente malo. Ahora, descubrimos que despilfarro millones de dólares en su precaria situación, dando grandes regalos a los seguidores del Cardenal Donald Wuerl. Supimos que el Arzobispo William F. Lori, quien fue inculpado durante la investigación a Bransfield, se aseguró de que su nombre, junto a los de otros clérigos de alto rango, fuera borrado del reporte donde aparecía quienes habían recibido donaciones. La Mafia no es nada comparada a estas personas, y están empujando a los Católicos a salir por la puerta.

Los capítulos locales de Dignity, mujeres-iglesia, y otras comunidades eucarísticas intencionales están recogiendo el testimonio. Se de gente proveniente de elegantes parroquias que literalmente llevan sus sillas de jardín al patio de sus vecinos para celebrar la Eucaristía, frecuentemente realizadas por mujeres sacerdotes. Algunas personas que antiguamente asistían a parroquias se avergüenzan en demasía de decir a sus hijos que las mujeres no pueden ser ordenadas, así es que las llevan a estas misas para mostrarles que las mujeres pueden ser sacerdotes. Conozco a una orden de religiosas cuyo capellán de abadía es una ministra mujer Protestante. ¿Quién vio todo esto venir en el 2009? Yo no. Pero si vi a Dignity comprometido en los trabajos a favor de la justicia y así tuve pistas sobre cómo movernos hacia adelante ahora que somos iglesia.

La reciente declaración de la Congregación Vaticana para la Educación Católica, con fecha 2 de febrero del 2019, y al parecer publicada justo a tiempo para el Mes del Orgullo, ““Varón y mujer los creó”, para una vía de diálogo sobre la cuestión del Género en la educación” está taladrando hacia el interior el perno que rompe para muchos la joroba del camello. Es un documento de dudoso valor intelectual que debió ser escrito en 1950, dada la sofisticación que no tiene en temas sobre sexo y género. Bajo la pretensión del diálogo, sus escritores revisan agotados estereotipos binarios y heterosexistas sobre hombres y mujeres, dejando a un lado completamente la realidad de las personas trans e intersexo, como si fueran producto de nuestra imaginación. Al contrario, los Católicos trans e intersexo son nuestros hermanos, nuestros parientes, nuestros amigos, nuestros compañeros Católicos. Unanse a mi para comprometer nuestros recursos y apoyarlos hasta que su discriminación acabe.

Uno podría ignorar dicho documento, salvo que tiene consecuencias materiales en muchos frentes, no solo respecto a la educación Católica donde personas que contraen legalmente matrimonios del mismo sexo son despedidas bajo la premisa de esta enseñanza. En Indianápolis, Indiana, tres escuelas secundarias Católicas han sido presionadas a despedir personal/facultativos que están casados con parejas de su mismo sexo. Dos escuelas han tenido que aplicar la normativa bajo amenazas de enfrentar las consecuencias de ser declaradas no Católicas, y solo la escuela Jesuita de propiedad autónoma ha podido evitarlo, dada su situación de privilegio (es dueña de la escuela, mientras que las otras son propietarias de la Arquidiócesis). Es irrisorio que la Arquidiócesis crea que no va a ver una escuela jesuita como Católica. Pero el punto es que la verdad no tiene una etiqueta de precio, y el poder sostener tus pensamientos teo-políticos no debiera ser un privilegio. Miren a los Católicos dirigirse a las puertas de salida en Indianápolis, al tiempo que el obispo local se doblega ante esta política. Mientras tanto, nuestros hermanos trans y amigos intersexo necesitan cada gramo de apoyo que les podamos proveer para ayudarlos a decir su verdad – en contra de la medicación, sobre elegir – para que ellos también puedan vivir libres.

La Iglesia Católica Romana ha implotado al mismo tiempo que el sistema electoral democrático de los Estados Unidos, que ha sido infectado por la influencia Rusa, dando fuerza a las flamas de los supremacistas blancos, los movimientos anti-mujeres, los negacionistas del cambio climático, los homofóbicos y los que rechazan la migración. Los resultados de las elecciones del 2018 fueron un desastre más allá de lo imaginable. Los obispos apoyan tantas de las políticas de la actual administración – libertad religiosa para discriminar u oponerse al aborto – que ya no tienen autoridad moral. Llegó el momento de que nosotros, Católicos LGBTIQ+ y nuestros aliados, digamos que no a la presencia de tanques en nuestras calles, a las muertes en nuestras fronteras, al ecocidio, el racismo y la guerra nuclear.

No es alarmista. Hace casi tres años los jueces de la Corte Suprema (aclarando, muchachos exalumnos de escuelas Católicas), designados por Trump durante la actual administración, dijeron que nos encontramos ante una situación “in extremis” (de alto riesgo) no solo en la iglesia, sino que en la sociedad. Nuestros valores más profundamente apreciados como Católicos – seas gay o heterosexual, cisgénero o trans, binario o no – incluyen amar a nuestro vecino. Díganle esto al hombre y a su hija que se ahogaron cruzando un río, buscando su camino en dirección a los Estados Unidos. Otro valor es que todos hemos sido creados a semejanza de la divinidad. Digamos esto a los jóvenes Afroamericanos que son racialmente perfilados desde el momento de nacer y hasta el día en que muchos de ellos mueren en nuestras calles. Otro valor Católico (también judío, budista y humanista, como también de gente sin profesión religiosa) es que la creación es santa y para ser querida. Digamos esto a la gente que viven en Islas Naciones y las cuales pronto desaparecerán (bajo el mar por el cambio climático), o a los padres lidiando con el asma de sus hijos debido a la polución del aire. Sigue siendo un valor adicional considerar la prestación de salud como un derecho. Digan eso a una mujer en Missouri que busca terminar su embarazo o al anciano en Florida que no puede pagar sus medicinas para el corazón.

Esta letanía no tendrá fin mientras la actual administración ejerza su comercio despreciable, obteniendo sus ganancias desde las mujeres, personas de color, aquellos que han sido hechos pobres, los inmigrantes y el planeta. Este no es tiempo de lamentarse por quienes reciben la comunión o si el matrimonio de quienes es lícito, como lo plantean algunos líderes de la iglesia Católica. En su lugar, este es el momento más políticamente consecuente de mi vida, dado que una guerra nuclear es realmente posible, el desastre ecológico continúa en proceso con la pérdida de miles de especies, la sequía y el hambre están matando a millones, y si, nuestros válidamente ganados derechos, aún pendientes de ser obtenidos en muchas partes del mundo, se encuentran en precarias condiciones. Hablar con la verdad al poder no es un lujo de unos pocos blancos, cisgeneros y educados privilegiados, sino una táctica de sobrevivencia para todos. El regalo de Dignity para el mundo es el entender que nuestras luchas son parte de un movimiento más grande en búsqueda de la justicia y que estamos completamente comprometidos en ello. Este es nuestro regalo y el cual debemos seguir dando.

Las personas religiosas no van a salvar al mundo. Pero nosotros que hemos aprendido que la verdad nos ha hecho libres estamos obligados a unirnos a la lucha interseccional común con cada recurso del que podamos disponer hasta nuestro último aliento. Así es que, aunque la verdad nos hace libres, no existen nada garantizado, que es a lo que llego como conclusión.

  1. Un sueño para nuestro centenario

En el 2069, cuando Dignity celebre su centenario, la mayor parte de nosotros en esta sala, la mayor parte de nuestros miembros y aliados, seremos parte del coro celestial. Sin embargo, podemos soñar lo que nuestros hijos experimentaran tal como nuestros abuelos y bisabuelos, muchos de ellos inmigrantes Católicos, probablemente lo hicieron sobre nosotros. No había garantías entonces y tampoco las hay ahora.

Generosos y cariñosos, como ciertamente lo fueron sus sueños, nuestros ancestros no nos podrían haber imaginado celebrando formas de vida sobre las cuales no tenían siquiera indicio. Pero nos dieron más que sus sueños. Nos dieron su fe sobre un amor divino infinito del cual somos parte. Ellos nos enseñaron a tener esperanza contra la esperanza. Nos mostraron cómo hablar con la verdad para empoderar y vivir justamente con otro, y nos amaban. El resto sólo cuidó de sí mismos.

Un día soñábamos que Dignity pudiera estar conectado internacionalmente como Iglesia. Hoy, con nuestros amigos de la Red Global de Católicos Arcoíris, lo estamos. Ahora soñemos que Dignity y nuestros descendientes lideraran la misma proclamación de la verdad y trabajo para para cambiar el mundo y erradicar el racismo, la xenofobia, la guerra, el ecocidio y la injusticia económica, que la misma forma que ya lo hacemos en contra de la discriminación por sexo y género. Ese es nuestro nuevo rol como Católicos buscadores de justicia, trabajar en contra de cualquier injusticia, no solo algunos tipos de ella.

Sueño que nuestros hijos y nietos puedan encontrar sus verdades que los liberen. Sueño que encuentren maestros y modelos ejemplificadores a seguir, amigos y amantes que los acompañen, tan bien como nosotros lo hemos sido en esta lucha. Sueño que ellos vivan, en las palabras de la poetisa Guatemalteca Julia Esquivel, como lo hacemos nosotros, “amenazados con resurrección”.

No podemos proyectar lo que se ocurrirá en las generaciones venideras. Pero si todo no se destruye en el camino, infiero que los robots harán la mayor parte del trabajo pesado. Sospecho que el inter-matrimonio será entre personas de diferentes planetas. Intuyo que el espíritu humano seguirá buscando un significado y valor a las cosas. Predigo que una fuente para darle sentido, entre muchas creencias y perspectivas aún inimaginables, será un foco Católico cósmico en base a sacramento y solidaridad que reúna a los planetas, personas, animales, y seres que aún no conocemos, en torno a un amor divino y que nos bañe en una luz divina.

Como nuestros ancestros, dejamos un legado de valores e historia, costumbres y prácticas, para aquellos que vienen después de nosotros. Tenemos poco control sobre cómo se desarrollarán sus vidas, lo que los próximo cincuenta años traerán. A pesar de esto, sueño que nuestros descendientes de Dignity y su infinidad de diversos amigos puedan recibir nuestro humilde regalo de hablar con la verdad y usarla para establecer un cosmos libre para amar abundantemente.

Gracias y sean bendecidos.

[1]  The Canonical Doctrine of Reception” by James A. Coriden, http://arcc-catholic-rights.net/doctrine_of_reception.htm

Disclaimer: The views and opinions expressed in this article are those of the authors and do not necessarily reflect the official policy or position of the Global Network of Rainbow Catholics / Las visiones y opiniones expresadas en este articulo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no necesariamente reflejan la postura oficial de la Red Global de Católicos Arcoíris.

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