GNRC Responde a “Amoris Laetitia”

UNA RESPUESTA DE LA RED GLOBAL DE CATÓLICOS ARCOIRIS A LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA DEL PAPA FRANCISCO “AMORIS LAETITIA” (LA ALEGRÍA DEL AMOR)

09.04.2016

La Exhortación Apostólica post-sinodal del Papa Francisco titulada “Amoris Laetitia” abre nuevas perspectivas para el trabajo pastoral en la Iglesia Católica, bosquejando simultáneamente desde las enseñanzas más tempranas de la Iglesia en la vida familiar y matrimonio, y también desde una pragmática y “aterrizada” apreciación de las experiencias vitales reales asociadas a la vida familiar. No obstante, notamos que estas perspectivas no están aún aplicadas con consecuencia completa cuando se refieren a personas de género y/u orientación sexual diversa (personas LGBTQI).

Recibiendo Nuevos Acercamientos Pastorales

Somos comprensivos de la postura más propositiva, tomada por el Papa Francisco, referente a alejarse de un inflexible apego a la doctrina y acercarse a una aproximación más humana de apostolado conectada a la verdadera caridad, la cual es “siempre inmerecida, incondicional y gratuita” (Art. 296). Acogemos los acercamientos pastorales que evitan “los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones” (Art. 296) pero más bien se enfocan en “ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial” (Art. 297). Es sin duda positivo que el Papa Francisco reitere el punto hecho en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” (2013) de que la Iglesia ha con frecuencia actuado como “árbitro de la gracia en lugar de ser su facilitadora” y afirma que, en lugar de ser un control de peaje, “la Iglesia es la casa del Padre, donde hay espacio para todos, con todos sus problemas” (Art. 310).

Apreciamos que el Papa empodere a las iglesias locales para encontrar interpretaciones ajustadas de asuntos “doctrinales, morales o pastorales” (Art. 3). Esto dará mayor flexibilidad y libertad a las diócesis para tomar decisiones prácticas, lo cual es importante cuando se trata de trabajo pastoral con personas LGBTQI y sus familias.

El documento da guías novedosas en el discernimiento pastoral, enfatizando que los pastores necesitan respetar la conciencia de la persona, tomar la situación individual en consideración y seguir la “lógica de la misericordia pastoral” (Art. 307). Además, rechaza una comprensión de la “ley natural” como “un conjunto ya constituido de reglas” lo cual fue una herramienta tradicional en la argumentación anti-homosexual. En su lugar, reinterpreta la ley natural como “una fuente de inspiración objetiva para su proceso, eminentemente personal, de toma de decisión” (Art. 305). Sin duda, “aquellos que manifiestan una orientación homosexual” deben ser asistidos desde una “respetuosa guía pastoral” para ser capaces “de comprender y llevar a cabalidad la voluntad de Dios en sus vidas” (Art. 305).

 Educación Sexual

El Papa Francisco reitera las enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo basado en la necesidad de “una positiva y prudente educación sexual”, destacando los desafíos de esta “en una época en que la sexualidad tiende a ser banalizada y a empobrecerse” (Art. 280). Él destaca que “el impulso sexual puede ser cultivado en un camino de autoconocimiento y en el desarrollo de una capacidad de autodominio, que pueden ayudar a sacar a la luz capacidades preciosas de gozo y de encuentro amoroso” (Art.280). El Papa también llama por una educación sexual que incluya el “respeto y valoración de las diferencias” y que una “valorización del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente” (Art. 285). Esperamos que esta declaración puede hacer una diferencia en la vida de muchos adolescentes LGBTQI que frecuentemente enfrentan insensibilidad en sus escuelas y cuya diferencia no es siempre reconocida y aceptada sanamente, con frecuencia por miembros de la Iglesia.

Familias con personas LGBTQI

Cuando el Papa habla explícitamente sobre familias que “viven la experiencia de tener en su seno a personas con tendencias homosexuales” (Art. 250), el confirma la dignidad de cada persona humana sin considerar su orientación sexual. El clama por respeto y a repudiar la agresión y violencia. Aun mas, una de las declaraciones del Papa Francisco discutiendo el cuidado pastoral para familias con miembros gays o lesbianas es incluida en una sección titulada “Iluminar Crisis, Angustias y Dificultades”. De todos modos, dicha clasificación, revela una suposición de que los temas LGTBQI son problemas simples a ser superados, y no reconoce las virtudes y gracias que ocurren cuando una familia acepta y ama a sus miembros LGBTQI.

Acogemos el reconocimiento del documento sobre la necesidad de un cuidado pastoral respetuoso. Sabemos desde nuestra experiencia, trabajando con personas Católicas LGTBQI, que las más respetuosas y efectivas formas de cuidado pastoral son aquellas que son hechas en consulta a personas LGBTQI que respetan sus realidades vitales, honran sus voces y aspiraciones, como también celebran sus dones y dignidad en la comunidad de creyentes.

El problema del lenguaje

Que el texto use “orientación homosexual” (como en la versión de habla inglesa) para referirse a personas que experimentan atracción sexual por el mismo sexo es un asunto que vale la pena destacar, considerando que, en pronunciamientos previos de la Iglesia en este tema, siempre se suele usar el término despectivo “tendencias homosexuales” (como en la versión de habla castellana).

Esto no significa que la Iglesia haya superado los problemas básicos del lenguaje, aun para expresiones reduccionistas como “atracción por el mismo sexo” que son todavía simplistas e insatisfactorias. La GNRC no puede ignorar el continuo daño para el bienestar espiritual y personal causado por el uso de lenguaje teológico incierto e impreciso como “intrínsecamente maligno” u “objetivamente desordenado”. La GNRC acoge la falta de dicho vocabulario en “La Alegría del Amor” pues dichas categorías fomentan posturas prejuiciosas hacía personas y comunidades LGBTQI, no restando en contribuir en las altas tasas de intimidación, auto-agresión y suicidio entre jóvenes LGBTQI.

Uniones Homosexuales

Estamos decepcionados que Francisco reitere la posición largamente mantenida por la Iglesia de que “no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (Art. 251). Además, parece no ofrecer mucho espacio para el dialogo y exploración teológica en estos nuevos “signos de los tiempos”. Las experiencias vividas por varias parejas del mismo sexo alrededor de todo el mundo y que son partes de los creyentes Católicos debieran alentar a la Iglesia a discernir sobre esta y otras expresiones de la existencia LGBTQI, en lugar de continuar haciendo declaraciones categóricas que cierran la puerta al dialogo.

Es valorable que Francisco este preocupado que “una de las mayores pobrezas de la cultura actual es la soledad, fruto de la ausencia de Dios en la vida de las personas y de la fragilidad de las relaciones”. Él destaca que el “Estado tiene la responsabilidad de crear las condiciones legislativas y laborales para garantizar el futuro de los jóvenes y ayudarlos a realizar su proyecto de formar una familia” (Art. 43). El Concilio Vaticano Segundo también hace eco de esta perspectiva cuando establece que “tal amor, asociado a la vez a lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí mismos, comprobado por sentimientos y actos de ternura, e impregna toda su vida” (Art. 125). Aun así, esto parece sólo aplicar a las relaciones heterosexuales, y en ningún lugar de la Exhortación Apostólica hay un reconocimiento tácito de que esto también pudiera ser cierto para relaciones del mismo sexo. Esperamos que la Iglesia aplique la misma lógica que usa para otras uniones irregulares como a las compuestas por uniones del mismo sexo y no dejará “de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que todavía no corresponden o ya no corresponde a su enseñanza sobre el matrimonio” (Art. 292).

Condena a la violencia contra personas LGBTQI no es suficiente

Adicionalmente mencionamos con preocupación que el Papa Francisco reitera posiciones, repetidas en los documentos Sinodales, que consideran como inaceptable que la ayuda internacional sea condicionada a la introducción de leyes que formalicen el matrimonio de personas del mismo sexo (Art. 251), mientras no es lo suficientemente clara en su denuncia de la violencia legal en muchos países del mundo hacía personas LGBTQI que son criminalizadas por ser quienes son. La Exhortación Apostólica reconoce que las personas LGBTQI experimentan agresión y violencia, sin embargo, no recomienda ninguna forma o remedio más allá de la evasión.

En un contexto global donde las personas LGBTQI continúan enfrentando varias formas de agresión que se manifiestan en violencia estructural, física, cultural, espiritual, y sicológica, esta respuesta es inadecuada. Donde la criminalización, violencia extra judicial, penas capitales, tortura, terapias de conversión, vilipendio moral y negación de los derechos humanos para las personas LGBTQI es aún prevalente, solicitamos a los líderes de nuestra Iglesia a urgentemente llamar al fin de toda forma de agresión para las personas LGTBQI y sus familias. Instamos a la Santa Sede que haga una declaración explicita condenando las leyes que criminalizan a las personas LGBTQI. Dicha declaración sería enteramente consistente con los principios que el Papa ha hecho en este documento y que ya existen en las enseñanzas de la Iglesia.

Entendiendo sobre Genero e “Ideología de Género”

También damos cuenta que, el marco discursivo de Francisco respecto a la “Ideología de Género”, está basado en la comprensión de género como una constante biológica y que la ideología supuestamente reduce la identidad de género a “una opción individualista, que también cambia con el tiempo” (Art. 56). Aunque se valora, por una parte, la preocupación de la Iglesia para cualquier reduccionismo relativista sobre temas relacionados al género; sin embargo, llamamos a la Iglesia a no trivializar la experiencia real de las personas transgenero, para quienes escoger una identidad de género que es diferente a la de su sexo biológico no es un asunto de escoger un género diferente, sino que más bien permitírseles ser sinceros a su “verdad”, como la viven en el más íntimo sentido de su ser.

Al mismo tiempo, recibimos el reconocimiento de Francisco respecto a que la masculinidad y femineidad no son categorías rígidas y que las construcciones sociales de género pueden ser más bien fluidas; de este modo, sin discriminar a los individuos respecto a sus profesiones, artes o liderazgos en base a su género particular (Art. 286).

La necesidad de un discernimiento más profundo en asuntos LGBTQI

Pese a que el documento promueve un acercamiento dialogante para el trabajo pastoral de la Iglesia, este ha demostrado una falta de comprensión científica de la vida LGBTQI; como al mismo tiempo de las frecuentemente severas realidades enfrentadas, tanto al interior como fuera de la Iglesia.

Invitamos al Papa Francisco junto a sus compañeros Padres Sinodales a configurar un proceso de escucha que tenga por objetivo una consulta amplia a personas LGBTQI y sus familias como también a colegiados, científicos y profesionales en el área de la salud, psicología y otras ciencias sociales. Esperamos que dicho proceso pueda informar a la Iglesia mientras discierne su comprensión sobre las personas LGBTQI y en su debido tiempo clarificar y revisar su visión, doctrina y lenguaje respecto a ellas y el plan de Dios para las mismas.

Conclusión

Miramos con atención el gentil animo de Francisco para un dialogo dentro de la familia, basado en el reconocimiento que las distintas personas que en su interior la componen tienen diversos puntos de vista, preocupaciones, habilidades y visiones. Él continúa reconociendo que cada persona tiene su propia verdad y preocupaciones profundas, invocando a la sensibilidad y empatía con el otro “al tratar de ponerse en su lugar e interpretar el fondo de su corazón, detectar lo que le apasiona y tomar esa pasión como punto de partida para profundizar en el dialogo” (Art. 138).

Mientras valoramos esta comprensión de dialogo, también invitamos a la Iglesia a recibir este tipo de dialogo para sí misma y adoptar dicha actitud hacía la gran cantidad de personas LGBTQI dentro de la Iglesia Católica que quieren también compartir con ella su propia vivencia de fe en su diversidad sexual y de género. Instamos al Papa Francisco a seguir su propio consejo para las familias:

“Hace falta liberarse de la obligación de ser iguales. También se necesita astucia para advertir a tiempo las “interferencias” que puedan aparecer, de manera que no destruyan un proceso de dialogo” (Art. 139).”

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